diumenge, 15 de març de 2020

Mariano José de Larra



Por ahora

Revista Española, nº 475, 10 de febrero de 1835. Firmado: Fígaro

En nuestro último artículo, en que defendíamos la policía, dejamos ligeramente apuntado que hay «cosas buenas» en el mundo; y probamos hasta la evidencia, como solemos, que una de ellas es la policía. Como no nos pasa por la imaginación que uno solo de nuestros lectores se haya resistido a nuestras razones, tratamos de probar hoy otra verdad más indisputable todavía, a saber: que sentado el principio de que hay cosas buenas, hay palabras que parecen cosas, es decir, que hay palabras buenas.
A primera vista parece que buenas deben ser todas las palabras, puesto que sirven todas para hablar, o sea para gastar conversación, que es el fin que parecemos proponernos; esto es un error sin embargo, y error grave. Palabras hay malas, profundamente malas por sí mismas, y sin necesidad de accesorios, que forman por sí solas oración y sentido, por más que suelan ellas no tener sentido común. Palabras que valen más que un discurso, y que dan que discurrir; cuando uno oye, por ejemplo, la palabra «conspiración» cree estar viendo un drama entero, y aunque no sea nada en realidad. Cuando uno oye la palabra «libertad», sola ella, solita, cree uno estar oyendo una larga comedia. Cuando uno oye la palabra «imprenta», ¿no cree ver detrás la censura, el imposible vencido, la cuadratura del círculo, la gran quisicosa? ¿No hay quien ve en ella el abismo, la anarquía, aquel qué sé yo, que nadie sabe explicar ni comprender? Cada una de estas palabras son verdaderas linternas mágicas: el mundo todo pasa al través de ellas. Una vez encendidas, todo se ve dentro.
Estas palabras que encierran por sí solas una significación entera y determinada son malas generalmente; las buenas son aquellas que no dicen nada por sí, como por ejemplo: «prosperidad», «ilustración», «justicia», «regeneración», «siglo», «luces», «responsabilidad», «marchar», «progreso», «reforma», etc., etc. Éstas no tienen un sentido fijo y decisivo: hay quien las entiende de un modo, hay quien las entiende de otro, hay, por fin, quien no las entiende de ninguno. Éstas son buenas porque, blandas como cera, adáptanse a todas las figuras; éstas son, en fin, el alimento de toda conversación. Con ellas no hay discurso que no se pueda sostener, no hay cosa que no se pueda probar, no hay pueblo a quien no se pueda convencer. Éstas son las palabras que parecen cosas.
Ahora bien: cuando dos de estas palabras insignificantes y maleables se llegan a encontrar en el camino una de otra, únense al momento y se combinan por una rara afinidad filológica, y entonces no toman por eso mayor sentido; todo lo contrario, juntas suelen querer decir menos todavía que separadas; entonces estas palabras buenas suelen convertirse en lo que vulgarmente llamamos «buenas palabras».
He aquí las reflexiones que teníamos presentes al sentar en el papel el titulillo de este artículo. Nadie nos negará que la palabra «por» quiere decir poco cuando va sola; pues de la palabra «ahora», no decimos nada. He aquí, pues, dos palabras excelentes, y combínense como se combinen. Júntese el «por» con el «que», y resultará el «porque». Siempre se ha dicho que el porqué de las cosas es inaveriguable; por consiguiente, no quiere decir nada. Póngase el «ahora» en oración y digamos, por ejemplo: «¿Qué hay ahora? ¿Qué se hace ahora?». Nada. Ambas son, pues, palabras nulas, y buenas por consiguiente. Combínense ahora juntas y digamos: «por ahora» y se verá el efecto peregrino de la suma de todas las nulidades.
Pocas palabras hay tan buenas, tan útiles en el día, tan en boga; pocas palabras buenas que puedan tan fácilmente convertirse en «buenas palabras». ¿A qué no contesta usted con el «por ahora»? Es la espada de Alejandro, que corta todo nudo gordiano; es la panacea universal que templa todos los dolores. Buena jornada habríamos echado si no pudiéramos contestar a todo: «Por ahora».
¿Cuánto no suaviza esta frase toda mala contestación? Por mejor decir, no hay con ella mala contestación posible, y todo aquel que sepa lo que es una repulsa seca, sabrá apreciar cuánto valen las buenas palabras. Son el vino que se mezcla con el agua para quitarle su crudeza. Ejemplo. «No» quiere decir que no. Pero si en vez de decir «no», dice usted «por ahora no», aunque usted quiera decir lo mismo, si habla usted sobre todo con un tonto, como suele suceder, ha dicho usted una gran cosa. ¿Y qué cuesta decir dos palabras más?
Convencidos hombres muy ilustrados de esta verdad, ¿cómo pudieran no usarlas continuamente?
Lluevan sobre ellos en buen hora demandas y peticiones, renuévese la tabla de los derechos, clamen por todas partes tribuna y periódicos por la libertad de imprenta; no le responderán a usted con un «no» seco, sino que «por ahora no conviene». Pida usted más garantías; abogue usted por una verdadera seguridad individual; porque tal o cual estado es absurdo. «Lo vemos –responderán–, y, lo que es más, con dolor; empero por ahora no es oportuno. Para que un pueblo esté bien gobernado, para que sea feliz, es preciso que se difunda la ilustración; para que un pueblo sea libre, es preciso que sepa mucho... y esté bastantemente ilustrado.... véase, si no, Grecia y Roma; aquéllos eran pueblos libres... pero, ¡lo que se sabía allí! ¡Qué pueblos tan ilustrados! ¿Qué tiene que ver la España del siglo XIX con la Grecia de Licurgo y la Roma de Numa?»
Venga usted a decirme que el sistema judicial no es gran cosa. Que cada uno multa como le da la gana, y juzga como le parece. Pero eso es «por ahora» no más. Deje usted que llegue aquel día raro, aquel día particular, que ha de ser el decisivo; el día, en fin, de la oportunidad, el día que nos convenga pasarlo bien, que ese día será otra cosa.
Que hay confusión de poderes, de palabras y de cosas; que no nos entendemos; que es una verdadera Babel; que no andamos un paso, un solo paso; pero eso es «por ahora». Todavía no conviene que nos entendamos. Es preciso buscar el momento oportuno. Pues qué, ¿no hay más que entenderse cualquier día del año, cualquier año del siglo?
¿Y quién es el encargado, preguntarán ustedes, de conocer el momento? ¿Quién es ese sabio sagaz y penetrante, que ha de conocer cuándo nos conviene ser iguales, ser libres, poder hablar, ser, en una palabra, felices? ¿Dónde está la línea divisoria entre la inoportunidad y la oportunidad? ¿Quién es el ilustrado encargado de medir nuestra ilustración?
«Por ahora», amigo lector, no se columbra todavía a ese sabio, responderemos; ni nosotros hemos hecho ánimo de responder «por ahora» a todas las preguntas, ni nos dejarán responder tampoco «por ahora», aunque quisiéramos. Limitámonos «por ahora» a probar que como hay cosas buenas entre nosotros, hay palabras que parecen cosas, y «palabras buenas» que nos dan por «buenas palabras». Que las voces «por ahora» son las primeras de este género, y, si bien se mira, bastante hemos dicho «por ahora».

Doncs, això, ara per ara, tancats a casa, sense pedalar, amb el principal focus d'infecció per controlar des de fa segles, virus per a tots, no siga que qualsevol comunitat autònoma li puga donar lliçons de com fer les coses a aquesta mena  de disbauxa anomenada Madriz; i sense mesures sanitàries i socials a l'alçada de les circumstàncies.

divendres, 6 de març de 2020

Mariano José


Tenía mi amigo que arreglar sus papeles, y fue preciso acompañarle a una oficina de Policía.
¡Aquí verá usted -le dije- otra amabilidad y otra finura!
La puerta estaba abierta y naturalmente nos entrábamos; pero no habíamos andado cuatro pasos, cuando una especie de portero vino a nosotros gritándonos:
-¡Eh! ¡Hombre! ¿Adónde va usted? Fuera.
«Éste es pariente del calesero», dije yo para mí; salímonos fuera, y, sin embargo, esperamos el turno.
-Vamos, adentro; ¿qué hacen ustedes ahí parados? -dijo de allí a un rato, para darnos a entender que ya podíamos entrar; entramos, saludamos, nos miraron dos oficinistas de arriba abajo, no creyeron que debían contestar al saludo, se pidieron mutuamente papel y tabaco, echaron un cigarro de papel, nos volvieron la espalda, y a una indicación mía para que nos despachasen en atención a que el Estado no les pagaba para fumar, sino para despachar los negocios:
-Tenga usted paciencia -respondió uno-, que aquí no estamos para servir a usted.
-A ver -añadió dentro de un rato-, venga eso -y cogió el pasaporte y lo miró-: ¿Y usted quién es?
-El amigo del señor.
-¿Y el señor? Algún francés de estos que vienen a sacarnos los cuartos
-Tenga usted la bondad de prescindir de insultos, y ver si está ese papel en regla.
-Ya le he dicho a usted que no sea usted insolente si no quiere usted ir a la cárcel.
Brincaba mi extranjero, y yo le veía dispuesto a hacer un disparate.
-Amigo -le dije-, aquí no hay más remedio que tener paciencia.
-¿Y qué nos han de hacer?
-Mucho y malo.
-Será injusto.
-¡Buena cuenta!
Logré por fin contenerle.
-Pues ahora no se le despacha a usted; vuelva usted mañana.
-¿Volver?
-Vuelva usted, y calle usted.
-Vaya usted con Dios.
Yo no me atrevía a mirar a la cara a mi amigo.
-¿Quién es ese señor tan altanero -me dijo al bajar la escalera- y tan fino y tan...? ¿Es algún príncipe?
-Es un escribiente que se cree la justicia y el primer personaje de la nación: como está empleado, se cree dispensado de tener crianza...
-¿Y aquí tiene todo el mundo esos mismos modales según voy viendo?
-¡Oh!, no; es casualidad.
-C’est drôle -iba diciendo mi amigo, y yo diciendo:
-¿Entre qué gentes estamos?
(Larra, "Entre qué gentes estamos", 1835)

Hola, bon dia… El funcionari segueix fullejant els papers que té al davant com si més enllà de la tauleta on seu no hagués ningú parlant-li: Sí, bon dia, veníem… Oye!, -el funcionari li parla a la porta oberta que és al seu darrere, un poc a la dreta- quién organiza lo del sábado?... ¿Por qué? -li contesta la porta-… Por qué va a ser?. Yo, tonterías las menos. Ya me conoces… Per favor, ¿pot atendre'ns?, és molt senzill, mire… Qué dices? Pues si esas tenemos, vamos listos. Hay que estar cubierto, no me jodas -li etziba a la porta, davant el seu silenci Mire, el meu amic és estranger…  ¿A qué vienen tantas dudas? Nadie te obliga… -li retreu la porta. Pero vosotros ya sabéis que la cosa no es legal… Y quién va a buscarnos las vueltas. Si vamos con caretas y too... Ya, pero no sé, la verdad. Perdone, el meu amic voldria saber si el seu passaport… I per primera volta des que ha començat l'escena, el funcionari li dirigeix una mirada meitat revista militar meitat fastig: Caballero, mi no entender -li desafia Com que no m'entén? Doncs la seua obligació… Caballero, insolencias ni una, a ver si acabamos mal… L'amic sí que no entén res. Vuelva usted mañana, caballero, que igual está el intérprete… Huy, sí, el intérprete -fa eco la porta. Que c'est drôle -riu l'amic... Ui, sí, divertidíssim. Anem-se'm. Entre quines gents que hi som, amic meu. (Una de tantes True Story, 2020)

divendres, 21 de febrer de 2020

Mariano


Havia rebut les partitures. Les va fullejar. Les va llegir al piano. Sabia que alguna cosa se li escapava. La seua cosina li deia, en la carta que hi va afegir, que en Frederic, Frederic Chopin, estava canviant l'escriptura pianística, que desprès del que ell i el Franz Liszt n'estaven fent als seus concerts parisencs, la música ja no tornaria a ser el mateix. Que no era només una demostració d'un virtuosisme mai conegut, sinó que aquella escriptura començava a intentar representar el que fins ara, tot i ser un element essencial de la música, encara no havia pres una forma gràfica adient, el timbre, el color musical. Perquè aquelles textures, aquelles disposicions dels elements harmònics i melòdics no podien llegir-se amb els mateixos dits amb que es llegien els contrapunts de Bach o les passions de Beethoven; de fet, Mozart va albirar, perdut entre algunes de les seues més desoladores frases, aquest nou món on els sons tenien identitat pròpia més enllà del fet temporal. Va eixir del jardí sense adonar-se, capficat com era en aquests pensaments. I distret com era, va dirigir el seu abstret pensament i caminar cap a la terrassa del Cafè. Va demanar la premsa i un nuvolet. Mentre fullejava La Revista Española no deixava de pensar en aquella darrera frase de la cosina: "si no els escoltes, mai no podràs tocar aquesta música de bellesa tan lliure i sorprenent". Sorprenent, lliure, caram! Estava fora de joc. De fet, llegia aquell article sense assabentar-se ben bé del que deia: "Otra prueba de que es cosa buena la policía es su existencia, no sólo en Roma y en Portugal, sino también en Austria; y sobre todo, en la parte de Italia sujeta a aquel Imperio, donde es delito a los ojos de la policía haber a las manos un papel francés. Así son los italianos tan felices, así se hacen lenguas del emperador de Austria. Óigase otro ejemplo. Ahí está la Polonia, que debe su actual felicidad –¡vaya si es feliz!– a la policía rusa. Que la policía es, pues, una institución liberal, se deduce claramente de su existencia en Austria y en Polonia; y si nos venimos más acá, veremos que en Francia la instaló Bonaparte, uno de los amigos más acérrimos de la libertad, y tanto, que él tomó para sí toda la que pudo coger a los pueblos que sujetó; y a España, por fin, la trajo el célebre conquistador del Trocadero el año 23, y fue lo que nos dio en cambio y permuta de la Constitución que se llevó; prueba de que él creía que valía tanto por lo menos la policía como la Constitución". Ah, mira, Polonia, va pensar. Llavors, es va preguntar: ¿aquesta escriptura t'obliga a una nova relació amb el teclat? Va beure un glopet de cassalla mentre passejava els ulls per la pàgina: "Pero ¿a qué más ejemplos? De cuantos liberales han muerto judicialmente asesinados en los diez años, acaso no habrá habido uno que no haya tenido algo que agradecer a esa brillante institución. Ahora bien: continuador el año 35 y heredero universal, como se ha pretendido, de los diez años mal pudiera rehusar herencia tan legítima; así hemos visto a nuestra policía recientemente hacer prodigios en punto a conspiraciones". Que potser no era un poc exagerada la seua cosina? ¿Tanta diferència hauria d'haver entre el passat i aquest present que significava, segons ma cousine, el dia de demà? "Va usted a la policía, y con contar el caso, y con añadir que en la casa tienen pacto con «Isabelinos», y que detrás del «viva de ordenanza» está tapada la anarquía, hace usted prender a su enemigo. ¿Pues no es cosa excelente? Luego, para cualquier carrera se necesita saber algo, suponiendo que no haya favor o parentesco; para médico, por ejemplo, alargar la enfermedad; para abogado, embrollar el asunto; para militar, ir a Vizcaya... para cura, todos sabemos ya lo que se necesita saber, y por ese estilo; pero para ser de policía, basta con no ser sordo". ¿Sord? ¿De què va açò? Estic llegint i no sé què diu, perquè no serà de Beethoven que en parla, no? "Por otra parte, decía un ilustre amigo nuestro que la España se había dividido siempre en dos clases: gentes que prenden y gentes que son prendidas; admitida esta distinción, no se necesita preguntar si es cosa buena la policía". Ah, policia. Ah, España. I ara Amèrica i Anglaterra. A veure si puc centrar-me, perquè ma cousine m'ha deixat astorat: "En los Estados Unidos y en Inglaterra no hay esta policía política; pero sabido es en primer lugar el desorden de ideas que reina en aquellos países; allí puede uno tener la opinión que le dé la gana; por otra parte, la libertad mal entendida tiene sus extremos, y nosotros, leyendo en el gran libro abierto de las revoluciones, como ha dicho muy bien otro orador, debemos aprender algo en él, y no seguir las mismas huellas de los países demasiado libres, porque vendríamos a parar al mismo estado de prosperidad que aquellas dos naciones. La riqueza vicia al hombre, y la prosperidad le hace orgulloso por más que digan". Garçon, un autre… Com diu, senyor?... Un altre, per favor, doble… Ah, mira una draisina, quina extravagància, això sí que no té futur, el fuster tenia que ser, clar com que se l'ha feta ell. "Probada, pues, hasta la evidencia la bondad de la policía, ¿cómo pudiéramos no agregarnos al voto de los 50 señores procuradores que han perdido la última votación? Poco vale por cierto nuestra opinión; no somos desgraciadamente ni procuradores ni inviolables, pero en cambio tendremos policía por lo menos; pagaremos en compañía de nuestros compatriotas ocho millones para que nos averigüen nuestras conversaciones, nuestros pensamientos, nuestros... y si algún día la policía nos prende, como es probable, por anarquistas, exclamaremos con justo entusiasmo: «¡Buena cárcel nos mamamos! ¡Pero buen dinero nos cuesta!». Bah!, què exagerat és aquest Larra, ja sembla ma cousine: lliure i sorprenent bellesa, diu.

dijous, 30 de gener de 2020

Y si no, no


I en acabant, un es pregunta:
¿n'hi ha lladres de dretes
i d'esquerres?
¿El mateix és l'estafador, el mentider,
aquell que seu a la tauleta del bar,
pren la cervesa custodiat pel seu llebrer,
que aquell altre,
el que duu al coll,
com gos desemparat,
la cadeneta d'or
amb el seu grup sanguini sobre la creu,
perquè no es refia de la Divina Providència?
I si no, no.

Els trobareu tots dos,
amb el semblant esmaperdut,
com ninots de cartró pedra,
mentre el glop de cervesa
domestica els seus ulls,
però també amb l'esguard esbiaixat i servil
del llepaculs superb,
el falsificador de firmes,
el jugador compulsiu
o l'acusador de falses morositats.
I si no, no.

Els alegra la desgràcia
dels altres: les malalties
dels seus propers, els maldecaps
dels que lluiten contra l'adversitat.
No saben, però,
que els ciclistes que perden el seny
són doblement perillosos.
Ignoren la violència soterrada
d'un creuament protocol·lari de mans,
d'una promesa incomplerta.
I si no, no.

Aquesta escòria
mai no n'agafa les trucades
a la primera.
S'ho repensen en repensar
el personatge que en pertoca.
No són sinó víctimes d'ells mateixos,
tan espavilats com es veuen
al mirall dels seus enganys.
¡Com riuen les seues burles!
¡Com gaudeixen les mentides
que, fins i tot, obliden!
I si no, no.

Totes les seues paraules
són camins sense retorn.
Tots els matins del món
són l'incert retrobament amb la veritat.
I no vesteixen ni gorra gris
ni bufanda obscura
ni samarreta a ratlles.
Quin fracàs de vida.
I si no, no.

dimarts, 21 de gener de 2020

L'anècdota



Plou en colors.
Un esvaït taronja
agrisat i fosc
de cel terminal.

Els llamps dibuixen:
ara una caiguda,
ara una assumpció.
Infern i Paradís.

Rerefons de l'aiguat s'alça,
com un remordiment,
el perfum dolç i trist
de l'oli sobre el llenç.

El casalot és una cendra,
de blanc pur a calç bruta.
Els llums com a espurnes.
El ciclista malmès per la vorada.
 Miratges d'un temps perdut.

I sé que no són meus els ulls
que la memòria il·lumina.
Que algú ja va enregistrar
la vida emboirada d'avui.
Que algú va mirar abans
aquesta anècdota de l'univers.

dimarts, 31 de desembre de 2019

Deixadesa


L'advocat li va dir que no es preocupés, que tot i els indicis d'una connivència un tant sospitosa entre dues parts que deurien ser independents i l'intent de desviament d'actius i passius, hores d'ara la cosa encara no era de jutjat de guàrdia, que fera una pedalada de cap d'any, es relaxés, brindés amb xampany, i que si la cosa continuava l'any que a punt era de començar, ja els faria ell un requeriment com déu mana com a lletrat seu que era. De fet, el diagnòstic professional va voltar, com si d'un voltor al voltant d'unes despulles es tractés, sobre la paraula deixadesa. I mireu que el client l'insistia en que com a deixadesa el que estava passant li semblava prou desproporcionat. Bé -li va replicar l'advocat- caldrà saber com de voluntària és aquesta deixadesa… Però si hi ha de voluntat, on queda la deixadesa?... Bé, és una qüestió de grau… ¿Com que de grau?... No és el mateix una deixadesa involuntària que una de totalment voluntària… ¿Parla de la intenció de fer mal?... Fins i tot de la possibilitat o no… Però només els maldecaps que em procura ja en són d'intencions perverses… Potser sí… ¿Llavors?... Llavors, el temps dirà… De tornada cap a casa, veia el cel gris amb les vetes verdes groguenques d'un sol tan indecís com els seus pensaments. Caminava per la ciutat amb la deixadesa -ara li feia somriure la paraula- previsible d'un autòmat. ¿Com de voluntari era aquest seu ritme? Un ritme de dos que era tres que volia ser dos que era dubtós tres. Començava a pensar que aquell matí no veuria el sol, que seria un d'aquells en què la llum ens fa creure que tot va a l'inrevés, i que tot el dia serà una llarga vesprada cap a la nit. Un matí amb deixadesa d'ésser matí, va pensar. Un ritme que no es defineix, que es deixa anar al balanceig involuntari o no de la seua deixadesa.

dimarts, 26 de novembre de 2019

La samarreta


Era el seu tercer dia a València. Sí, la ciutat era bonica, o això pretenia, però alguna cosa no acabava d'agradar-li. Potser no era un problema de la ciutat, sinó del que estava passant. Però, què estava passant? Tampoc no ho sabia. Al capdavall, ell era un foraster, un estranger, un nouvingut, un guiri -com ací els anomenaven- que havia decidit passar-hi els dies lliures que li quedaven de les vacances d'estiu i participar-hi a la Marató que tan famosa era arreu del món. Li havien dit tantes coses bones d'aquesta ciutat: la climatologia favorable, els menjars, els indrets per visitar, la seua orografia que tots dirien pensada pel running. A més de la vida als carrers o la inveterada inclinació a la festa dels seus indígenes. I ahir al matí potser que podria combinar-ho tot. Feia un dia esplèndid, esponerós -ventós, això sí, però acceptable- visitaria el Mercat Central i compraria algunes menges recomanades pels amics, i desprès visitaria la Llotja, magnífic exemplar de gòtic civil arreu del món. A la vesprada, entrenament. Tot en una, com si fos el pack definitiu. De ser espanyol hagués dit Tres en uno, bé, cuatro en uno. Però no ho era. Va posar-se una samarreta qualsevol, els pantalons, una caçadora verd camuflatge i una gorra a xoc. Agafà la motxilla i va eixir de l'habitació de l'Hostal. En recepció, la xica, en saber que volia anar a la Llotja, el va avisar: hi havia una cerimònia d'uns premis amb visita reial inclosa i només podria pegar-li una ullada per fora. Què hi farem, es resignà. En arribar a la Plaça, el desplegament policial li va semblar un tant hipertrofiat. Com els músculs amfetamínics que ell tant odiava. Poca gent havia pogut acostar-s'hi, de fet. Les tanques, les prohibicions: por aquí no, caballero. No, señora, dé la vuelta. Tots els carrers que com els raigs d'un sol esmaperdut donaven a la plaça estaven tancats. I la gent acabava per renunciar-ne, i passava pàgina a la possibilitat de veure un reportatge de la revista Hola en tres dimensions. Quin rei era aquest, es preguntà, que necessitava la protecció de Fort Knox per pujar a cel obert els set graons, com els set pecats capitals, de tal monument civil? La policia ho regirava tot, feia escorcoll indiscriminat de motxilles, requisava banderes que considerava sospitoses. Apartava de primera línia als que rebutjaven la visita reial amb cartells republicans o pancartes per l'alliberament dels presos polítics. Retenien DNIs sense donar explicacions. Prenien notes en fulletes que desprès separaven de llibretetes que semblaven de pega, la veritat. I els que passaven pel davant dels retinguts, emparats amb les forces d'ordre públic, els insultaven. Insultaven als dissidents: asquerosos, sinvergüenzas, sois 4 gatos, fills de puta -aquesta, l'estranger l'entenia a mitges. I dels insults passaven a l'exaltació reial: Viva el rey, a la qual proclama els dissidents contestaven que sí, que visca, però ben lluny i mal -cosa que el foraster des de les seues limitacions lingüístiques prenia com una paradoxa. Va considerar que ja en tenia prou, que la façana de la Llojta era espectacular, però que tot allò començava a regirar-li l'estomac. No volia que aquest cúmul de sensacions fóra record massa viu dels seus dies de Marató a la ciutat. De sobte, una veu autoritària se li va encarar: a ver, la camiseta! Ni buenos días, ni caballero, ni hòsties. A ver, la camiseta!  Sí, això ho havia entès perfectament. I mentre s'ho preguntava, mentre es preguntava el perquè d'aquella demanda insòlita i irada, anava descordant la cremallera de la seua caçadora de camuflatge. I'm royal cycling, va respondre la samarreta. I l'estranger va xiuxiuejar: Alright? El policeman va adonar-se de la cagada: los turistas ni los toquéis, havia dit el caporal. Però no podríem dir que la cara del policeman va ressentir-se camuflada com era al darrere de les ulleres de sol reglamentàries, la barba hipster que sí que no reglamentària i la gorreta a xoc també reglamentària. Això sí, pensant amb l'amo va etzibar-li un thank you ben esponerós, però de pega.

dimecres, 20 de novembre de 2019

Shaken, not stirred



Dilluns passat vaig anar per diners. Normalment ho faig a la sucursal bankària més propera -no diré noms, coses de l'estat de setge- ja que d'altres fonts d'ingressos millor callar, per això dels zetas. Vaig anar ben d'hora, ben d'hora, per estalviar-me cues, i sí, quan vaig arribar només hi havia un xic a la Caja -la de música no, l'altra. Perquè jo no sóc de caixers automàtics, que tot ho donen en bitllets de 50€ que és la millor forma de "fer amics" quan vas al mercat -n'hi han esguards que ni el Superman les supera. El xic duia un llistat a la mà dreta amb les gestions preteses, i vaig pensar que tot i ser un només potser acabaria llançant-li mirades de Superman. Però no: cadascuna de les operacions que li proposava a la senyoreta caixera rebia la mateixa consigna: No, eso en el cajero. Mira l'espavilat, què et pensaves que la xica és tonta, eh?, vaig gaudir. Amen. Ara jo. Hola, bon dia… Bon dia… Volia… No, eso en el cajero… ¿Que no és la llibreta?... Sí, es que la oficina es ahora de asesoramiento. Ya no hay cajero. Si quiere sacar dinero en Caja -de diners, no de música, vaig empassar-me- no en el cajero automático, aquí tiene estas dos direcciones. Vaig mirar el paper. Vaig guardar la llibreta i el paper. I em vaig quedar sense paraules ni canvi, totalment desorientat. Sense adonar-me vaig tirar cap a la porta. Va ser obrir-la i una avia amb el carret de la compra fent-li de caminador em va tornar a la realitat. Passe, passe, faltaria més. Va dirigir el carret cap a la Caja -de música, no de diners-, però no vaig tindre cor de dir-li res. En lo que les agrada a les avies repartir-ne de 5€ i 10€ pel mercat i que tots els venedors i les venedores els/les hi donen les gràcies i floretes. Vaig mirar el paper amb les dues direccions on són els diners. Una era -i perdoneu-me l'expressió- a prendre pel sac i l'altra a double prendre pel sac. Vaig mirar l'avia raonant amb la senyoreta caixera mig doblegada sobre el carret-caminador -pero, entonces, cómo pago?-  i vaig girar cua per no plorar. Potser tindria que anar en bici al bank a partir d'ara. Jo, no l'avia, és clar. Caram com està el pati. I vaig decidir anar rumiant… a peu, perdó, volia dir anar a peu, bé, i rumiant, per què no, o tampoc ens està permès rumiar? Amb la imatge de l'avia al cor em preguntava per què fan aquestes coses els bankers. Què persegueixen? ¿És una estratègia? ¿Acabar amb els avis a disgustos? No poden ser tan dolents, no? És cert que reduirien les pensions dràsticament: ergo són consignes polítiques. Però els avis són indestructibles, mireu si no els iaio flautes i les manis que fan reivindicant unes pensions dignes. Potser que els enforteixen i tot. Doncs serà això: un càstig. Que protesteu, doncs leña al mono. Com feien amb els profes fa temps, perquè ara estan ben domesticats, sembla. Al capdavall aplegue a prendre pel sac. Trac els diners i li dic a la senyoreta caixera -aquesta sí- que moltes gràcies per donar-me el que encara és meu i que a partir d'ara potser ens veurem amb certa freqüència i tot. Arcàdia. De sobte, un parell de dubtes em posen neguitós. ¿Si vull treure més de 500€ -cosa força improbable, però possible- què faig al caixer automàtic de la meua oficina de sempre? ¿Llavors, què? I si en trac una quantitat menor al caixer, tot en 50€, ¿podríem donar-m'hi canvi? Torne a la meua sucursal. Li confesse a la senyoreta assessora els meus dubtes. I m'assessora que no. Que més de 500€, a prendre pel sac o a double prendre pel sac. I amb lo del canvi, em diu que no se juega. I ja posats li demane consell sobre si anar a pendre pel sac o a double prendre pel sac a peu o en bici. I em diu que jo mateix, que si encara no sé que el vodka martini ha de ser sempre shaken, not stirred. I jo em quede off-side, en enlloc, missing.

dijous, 7 de novembre de 2019

Atmosfera


L'atmosfera va fer-se irrespirable. Veus crítiques ho havien pronosticat. Van ser silenciades. Però els fets hi eren. No era normal que un agent et preguntés, desprès de fer-te parar i baixar de la bici, el perquè de la teua inveterada afició ciclista i comprovés que la teua resposta no hi era al manual The Rules of Law. Caballero, aquí "por mantener el equilibrio" no me sale. Su vehículo queda confiscado. Però no hi havien passat un parell de mesos, que començaren a preguntar per què caminaves. I la teua resposta tampoc hi era al manual. Caballero, aquí "por mantener el equilibrio" no figura. I en confirmar la teua identitat: Vaya, un reincidente. Venga conmigo. I llavors t'empresonaven. És a dir, et confiscaven a tu mateix. El jutge -que, per cert, era l'agent d'abans, ara sense uniforme però amb toga- mirava d'explicar-te la sentència: Caballero, "por mantener el equilibrio" se presta a interpretaciones muy diversas y desestabilizadoras. Uno puede pedalear "por matar el tiempo", como nos indica el manual en el capítulo 5, sección 3ª, parágrafo XIII de The Rules of Law. O caminar "para ir al trabajo", como podemos colegir del texto central del apartado 4ºbis. Todo lo demás, reconocerá, pone en peligro la convivencia. La principal raó, però, d'aquestes restriccions, les va aclarir el mateix paio que abans hem vist vestit d'uniforme o amb toga, i que ara duia impecable jaqueta i corbata, i que es dirigia a l'audiència televisiva per comunicar-li que la quantitat d'oxigen que hi havia a l'atmosfera era tan minsa, tan crítica, que s'havien vist en l'obligació de fer-ne certes "retallades", va dir ell. Es volia evitar, sobretot, que la gent eixirà al carrer, que fes consum d'oxigen. La gent no devia moure's. Només per anar a treballar. A partir d'ara, tots haurien de dur una mena de barreja entre careta antigàs i escafandre, les 24 hores del dia, amb ampolla d'oxigen i via per a l'alimentació líquida incorporades. Com si foren a una terra estranya. Com astronautes al seu país. Totes dues ampolles -oxigen i menjar- amb la mascareta podien comprar-les a les gasolineres. De fet, la gent va començar a invertir el poc que guanyaven només per sobreviure. Van instal·lar-se càmeres a tots els domicilis per a controlar que cap persona es llevés la careta-escanfadre, la mascareta, al llarg del dia, nadons inclosos. I la gent va deixar de parlar-se i de fer-se petons. Es van intervenir les xarxes socials, per bé de la germanor. Algunes veus aïllades de l'oposició, però, li van recriminar al paio de la jaqueta no asseure's i parlar per tal de trobar una solució menys traumàtica. Però el paio de la jaqueta els hi va dir que en aquesta democràcia -de l'anglès demo i crazy- pleníssima no calien reunions que llançaren dubtes sobre el manual, The Rules of Law, i que si el que perseguien era un mena de dissidència abocada a la sedició, no tindria més remei que il·legarlizart-los. Els poders fàctics que hi havien al darrere de l'enverinament de l'atmosfera el van aplaudir. I el paio amb jaqueta, corbata i mascareta, va sentir-se prou recolzat. Tanmateix, no tots patien en aquesta atmosfera irrespirable. L'ésser humà té la facultat de sobreviure a gairebé qualsevol desafiament. Sí, ells també duien mascareta. Havien de dissimular. Mentre esperaven l'arribada d'aquell que els duria a la victòria final. De fet, tot s'ho plantejaven com una guerra. Aquella atmosfera enrarida els nodria. Aquella manca d'oxigen els feia respirar millor. Havien desenvolupat una mena de brànquies a l'aixella del seu braç dret que es posava en funcionament només alçar el braç dret ben estirat amb la mà dreta ben estirada. I només aquest petit gest els renovava tota la seua sang intoxicada. Aquesta mutació els feia superiors en ambients intoxicats. Si l'atmosfera era sana, s'ofegaven. El verí, com l'odi a l'envejós, era la seua forma de vida. Només calia esperar l'arribada del seu líder, tot i que quan això passés encara no tenien gens clar el que farien: si tancar les gasolineres o prohibir respirar. Bé, coses de la nova pluralitat democràtica.


dissabte, 19 d’octubre de 2019

Nus



Va dir-los el que els déus no havien dit.
Els llamps, els trons i les tempestes
no n'eren el beneplàcit diví.
Si Zeus l'hagués beneït,
una pluja d'estels i l'aurora
hagueren estat els senyals.
Tots callaren, però.

Va ser dels que s'apropien de la realitat,
dels que la fan seua a qualsevol preu:
"si el cel rugeix de foc i odi
és que els déus estan en mi."
Va crear un precedent,
un de molt perillós.
Però tots tancaren els ulls.

Perquè al seu davant el nus hi era.
I deien que només qui el va crear,
Gòrdias, sabia del seu secret.
I que aquell que el deslligués
seria l'emperador d'Orient,
el Gran conqueridor.
I tots abaixaren el cap.

Aquell cop d'espasa,
aquella estocada va ser el seu fracàs.
Va fracassar per sempre Alexandre el Gran:
"el mateix és tallar-lo que deslligar-lo".
Va trepitjar l'Orient, sí;
conquerir-lo era una altra cosa.
Però tots van callar.